
Daisugi (台杉): ¿Y si pudiéramos crecer sin destruir aquello que nos permite crecer?
Una técnica forestal japonesa de hace 600 años que puede enseñarle a cualquier empresa moderna cómo obtener más resultados sin agotar a las personas, los clientes y los sistemas que los producen.
Hace aproximadamente 600 años, en el siglo XV, en Japón, surgió una técnica forestal extraordinaria que todavía hoy puede enseñarnos mucho sobre innovación, sostenibilidad y gestión empresarial. Se llama Daisugi (台杉), que en japonés significa literalmente "cedro de plataforma", y su principio parece sencillo: obtener nuevos recursos sin destruir completamente la fuente que los produce.
El Daisugi se desarrolló especialmente en la región de Kitayama, cerca de Kioto, y está asociado al cultivo del *sugi*, conocido comúnmente como cedro japonés. La técnica consiste en podar cuidadosamente un árbol base para permitir que desde su parte superior crezcan nuevos troncos largos, rectos y aprovechables. Con el tiempo, esos troncos se cortan para aprovechar su madera —llamada *taruki* y muy valorada en los techos de las casas tradicionales japonesas— mientras la estructura base continúa viva y sigue generando nuevos brotes.
Es casi como convertir un árbol en una plataforma permanente de producción. Algunas personas lo comparan con un bonsái gigante, aunque el objetivo es diferente: en el bonsái se busca controlar la forma del árbol con fines estéticos; en el Daisugi, la poda y el manejo buscan producir madera con características muy específicas. Curiosamente, esa misma arquitectura verde también se ha adaptado a la jardinería ornamental a menor escala, lo que demuestra que una base bien construida puede producir tanto en grandes industrias como en contextos mucho más delicados.
Es importante aclarar que esto no significa que Japón produzca toda su madera de esta manera, ni que el Daisugi sea una solución mágica para evitar cualquier impacto sobre los bosques. Es una técnica forestal tradicional, especializada y vinculada históricamente a determinadas necesidades de la arquitectura japonesa. Sin embargo, el principio que existe detrás de esta técnica me parece extraordinariamente moderno.
Y creo que las empresas deberían estudiarlo.
El error de crecer destruyendo la fuente del crecimiento
Durante muchos años hemos construido empresas con una lógica muy diferente. Si necesitamos más ventas, presionamos más a los vendedores. Si necesitamos más productividad, cargamos de trabajo a los mejores empleados. Si necesitamos más clientes, aumentamos la publicidad. Si un trabajador es muy bueno, le asignamos cada vez más responsabilidades hasta agotarlo. Si una base de clientes funciona, intentamos venderle tantas veces como sea posible hasta cansarla. Si un canal de comunicación genera resultados, lo explotamos hasta saturarlo.
Es una forma de crecimiento basada, metafóricamente, en cortar el árbol completo.
El Daisugi nos propone una pregunta diferente: ¿cómo podemos obtener mejores resultados sin destruir la estructura que los produce?
Desde mi experiencia como Álvaro Abril, CEO de Geniales.co, creo que esta pregunta debería formar parte de la estrategia de cualquier empresa moderna.
No destruyas a tus mejores personas para obtener mejores resultados
En muchas empresas existe una paradoja bastante injusta: a la persona que trabaja bien le asignan más trabajo, a la que resuelve problemas le entregan más problemas y a la que siempre responde le exigen estar disponible todo el tiempo. Mientras tanto, a quien produce menos muchas veces se le exige menos.
El resultado es predecible. Los mejores empleados terminan agotados, frustrados o buscando otra empresa.
Aplicar el principio del Daisugi significaría actuar de una manera diferente. Si una persona produce buenos resultados, la empresa debería preguntarse cómo puede convertir su conocimiento en un sistema capaz de producir nuevos resultados. Esto puede significar documentar sus procesos, crear metodologías, automatizar tareas repetitivas, capacitar nuevos equipos, construir herramientas que multipliquen su conocimiento o utilizar Inteligencia Artificial para ampliar su capacidad.
Un gran empleado no debería convertirse en una persona cada vez más saturada. Debería convertirse en la base desde la cual crecen nuevas capacidades dentro de la organización.
Una buena empresa no puede depender eternamente de héroes
Muchas organizaciones funcionan gracias a unas pocas personas que saben cómo resolverlo todo: el vendedor que conoce a todos los clientes, la administrativa que sabe dónde está cada documento, el técnico que conoce todas las contraseñas, el gerente que debe aprobar cada decisión o el programador que es el único que entiende el sistema.
Eso puede parecer una fortaleza, pero en realidad es una enorme fragilidad.
El principio del Daisugi nos enseña que la base debe ser fuerte, pero también debe permitir que nuevas estructuras crezcan sobre ella. En una empresa, esa base puede estar formada por procesos documentados, bases de conocimiento, sistemas de información, automatizaciones, CRM, Inteligencia Artificial, protocolos, indicadores, metodologías y una cultura organizacional sólida.
El conocimiento no debería quedarse atrapado en la cabeza de una sola persona. Debería convertirse en una plataforma desde la cual puedan crecer muchas otras.
No busques clientes nuevos mientras destruyes los que ya tienes
Este es uno de los errores empresariales que más he observado. Las empresas invierten grandes cantidades de dinero buscando nuevos clientes, pero muchas veces tienen completamente abandonados a quienes ya confiaron en ellas.
Compran publicidad, generan leads, contratan vendedores y hacen campañas, pero no tienen un buen CRM. No saben cuándo fue el último contacto con un cliente, no recuerdan qué compró, no saben si quedó satisfecho, no identifican cuándo podría volver a comprar y no tienen un sistema de seguimiento.
Es como sembrar un bosque nuevo cada mes mientras se abandonan todos los árboles que ya crecieron.
Un buen sistema comercial —como GenialesCRM.online— debería permitir que una relación produzca nuevas oportunidades sin destruir la confianza que la hizo posible. La clave no es perseguir al cliente hasta cansarlo, sino cultivar una relación capaz de seguir produciendo valor para ambas partes.
Automatizar no debería significar eliminar, sino multiplicar
Existe mucho miedo alrededor de la automatización y la Inteligencia Artificial, pero creo que muchas empresas están formulando mal la pregunta. Se preguntan cuántas personas pueden reemplazar, cuando tal vez deberían preguntarse cuántas nuevas capacidades pueden hacer crecer desde las personas que ya tienen.
Una persona que dedica cuatro horas diarias a copiar información de un sistema a otro no está utilizando todo su potencial. Un vendedor que pasa más tiempo actualizando informes que hablando con clientes no está haciendo aquello para lo cual fue contratado. Un gerente que debe revisar manualmente cientos de datos no está dirigiendo la empresa; está sobreviviendo a la información.
La tecnología debería eliminar el trabajo repetitivo para permitir que crezcan nuevas capacidades humanas: más análisis, más creatividad, más estrategia, mejores relaciones y más innovación. Ese es, para mí, uno de los principios más poderosos de la transformación digital.
La innovación no siempre consiste en reemplazar lo anterior
Vivimos obsesionados con empezar desde cero. Nuevo software, nuevo equipo, nueva plataforma, nueva estrategia, nueva marca, nueva estructura. Sin embargo, muchas veces la verdadera innovación consiste en descubrir qué parte de lo que ya tenemos debe permanecer como base.
El Daisugi no destruye necesariamente toda la estructura para comenzar nuevamente. Trabaja sobre ella, la prepara, elimina lo que no aporta y crea las condiciones para que produzca algo nuevo.
Las empresas podrían hacer lo mismo. Antes de reemplazar un proceso, deberían entenderlo. Antes de perder a una persona, deberían descubrir qué conocimiento posee. Antes de cambiar todo el software, deberían identificar qué información tiene valor. Antes de abandonar a un cliente, deberían entender por qué dejó de comprar. Antes de comenzar un nuevo proyecto, deberían analizar qué capacidades ya han construido.
Innovar no siempre es destruir lo viejo. Muchas veces es aprender a construir algo nuevo sobre una base que todavía tiene mucho valor.
Mi reflexión desde la experiencia empresarial
Desde mi experiencia como Álvaro Abril, CEO de Geniales.co, he aprendido que uno de los mayores desafíos de una empresa no es crecer. El verdadero desafío es aprender a crecer sin destruir aquello que hizo posible ese crecimiento.
He visto empresas perder a sus mejores trabajadores por exigirles demasiado. He visto equipos comerciales desperdiciar miles de oportunidades por no tener un CRM bien configurado. He visto organizaciones comprar tecnología sin mejorar primero sus procesos y he visto empresas intentar automatizar el caos, para luego descubrir que un proceso desordenado, cuando se automatiza, simplemente produce desorden más rápidamente.
Por eso creo que el principio del Daisugi puede convertirse en una poderosa metáfora para la empresa moderna. No debemos cortar siempre el árbol que produce los resultados. Debemos fortalecer la base, eliminar lo que no aporta, organizar el crecimiento, multiplicar el conocimiento, automatizar lo repetitivo, proteger las relaciones y construir sistemas capaces de producir nuevas oportunidades una y otra vez.
Tal vez el futuro de las empresas no consista únicamente en crecer más rápido. Tal vez consista en aprender a crecer de una manera que permita seguir creciendo.
Porque una empresa verdaderamente inteligente no es la que consume todos sus recursos para obtener resultados hoy. Es la que construye sistemas capaces de seguir produciendo valor mañana.
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Álvaro Abril — CEO de Geniales.co y VP de Yamizu (Empresa de Taiwán). Si quieres que tu empresa deje de talar el árbol cada mes y empiece a construir una base que produzca resultados sin agotar a tu gente, escribe a alvaro@abril.pro o por WhatsApp a +57 305 322 1527.